Concurso de ordenación del entorno del Castillo de Buñol

Colaboradora:  Laura López Mercadé (arquitecta)

La idea base del proyecto, parte de la necesidad de conseguir ordenar todo un ámbito protegido con el mayor cuidado posible y buscando soluciones económicas y fáciles de mantener.

Por un lado, hay que acotar la paleta de materiales a emplear, y además, en su elección, se aprovecha la materia prima más cercana que tienen en la población: La fábrica de cemento. Es una buena excusa para utilizar el hormigón como material base de proyecto, con la incorporación de otros dos materiales más (aunque en mucha menor cantidad) como son la madera y el acero galvanizado.

El hormigón se emplea en la generación de una lengua de unos 8 cm. que apoya sobre el pavimento existente intercalando una lámina de polietileno, de tal forma que podría sustituirse por otro el día de mañana sin verse afectado el existente.

Para encofrar el hormigón en obra se utilizan listones de madera que cumplen además con otras funciones como la delimitación de espacios y el marcado de direcciones, permitiendo a su vez crear juntas de dilatación en la lámina de hormigón.

Existen también elementos prefabricados de hormigón en forma de L, utilizados para la creación de los bancos y maceteros.

El último material es el acero, empleado para la industrialización de una farola de leds que tiene tres alturas distintas con tres inclinaciones diferentes, y que se coloca antes de hormigonar. Estas farolas también tienen una doble función: la principal es la de iluminar toda la intervención al anochecer, pero sirven también de anclaje a un sistema de toldos tensados que matizan el sol de las épocas cálidas y permiten así una estancia más cómoda tanto a los visitantes como a los vendedores que una vez al mes colocan sus puestos de artesanía en los espacios abiertos del Castillo.